La publicación de un extracto del proceso por Juan Antonio Pellicer, en su esmerada edición de El Quijote (1797), y su reproducción en 1819 por el historiador cervantista Martín Fernández Navarrete, suscitó la curiosidad por averiguar si todavía existía la casa donde había vivido Cervantes.
Aunque la documentación referente a este suceso no fue entonces suficiente para fijar con seguridad la casa donde habitó el escritor, en 1862 el profesor D. José Santa María de Hita fue capaz de localizar la ubicación exacta de las estancias habitadas por Cervantes, que fue aceptada oficialmente por todas las instituciones culturales y políticas el 23 de junio de 1866.
