En 1876 el cervantista Mariano Pérez Mínguez encabezó una suscripción pública para erigir una estatua a Cervantes, que fue realizada por el escultor Nicolás Fernández de la Oliva e inaugurada el 29 de septiembre 1877 en el entonces denominado Campillo del Rastro.
La figura del escritor se dispuso sobre un pedestal, aprovechado de la desaparecida fuente de la Rinconada, y en él se instalaron cuatro relieves realizados por Pablo Santos de Berasategui, además de cuatro bustos de mármol igualmente reutilizados.
En 1889, debido a las obras de urbanización que se llevaron a cabo en la zona del río Esgueva y la calle de Miguel Iscar, se acordó, trasladar el monumento a la plaza de la Universidad, construyéndose con tal motivo otro pedestal más sencillo en que ya no se colocaron los relieves con episodios cervantinos, que ahora se conservan en el Museo Casa de Cervantes.
